Defilló: de la pintura a la danza

 

Defilló: de la pintura a la danza

Las obras de Fernando Peña Defilló escenificadas en Defilló pertenecen a la década del 90 y, salvo una –serie transcendental, abarcando casi un lustro-, todas son del año 1998. Fue una época de creatividad intensa, que equiparaba arquetipos criollos y cosmogonías ignotas, criaturas antillanas –del campestre Jarabacoa- y corporeidades míticas en tránsito extraterrestre… Al comenzar y hasta el final, la metamorfosis se hizo ilustración espiritual y realidad tangible. Los seis intérpretes –en estructuras perfectas para el escenario de Bellas Artes-, tres mujeres, tres hombres, multiplicaron las secuencias, actuando en solos, parejas o grupo, y el ritmo, permanente, vibrante, trepidante a veces, prescindía de transición. Eran así arquitecturas instantáneas e intensa culminación estética: los bailarines, de absoluta dedicación y compenetración, demostraban siempre fervor y gracia, energía y fortaleza. Sincronizados e integrados, ellos trepaban, se expandían, se levantaban, se desplomaban, se separaban, se juntaban… Movimientos de piso como evoluciones en el aire jamás les causaron problemas de ejecución, grupal o individual.